Antes de avanzar hacia una nueva etapa en la historia de la moda, me gustaría describir los rasgos fundamentales de la indumentaria de este periodo. Si por algo se caracteriza la moda es por las transformaciones brutales que ha experimentado la silueta humana.

Como ya he mencionado, el contexto en el que mayor se aprecia este artificialismo estético es la etapa aristócrata. La moda de este momento tiene por finalidad el adorno del cuerpo en su punto más extremo, el despilfarro, fantasía y teatralidad; en definitiva, el barroquismo.

Como fruto de estos objetivos, la silueta de la mujer adquiere un grandioso volumen sustentado en algunos casos por complejas estructuras que les impedían moverse con naturalidad. Como vemos, la superficialidad es, ante todo, el factor primario.

El espíritu esencial de la moda rococó femenina residía en la elegancia, refinamiento y la decoración sumado a elementos caprichosos y extravagantes. Estos aspectos son los que determinan una gran variedad de estilos que durante una larga etapa, sólo se preocupaban de armar a la mujer dejando su cuerpo natural prácticamente a la imaginación.

En el siglo XVIII empiezan a surgir, por tanto, dos creaciones fundamentales como el robe volante, o vestido volante, que se caracteriza por el uso del corpiño y grandes pliegues que fluían desde los hombros hasta el suelo sobre una falta redonda.

Después del vestido volante, el otro atuendo femenino típico del rococó era el llamado vestido a la francesa ( robe à la française), que fue el estilo persistente hasta la Revolución Francesa, hecho que provocó grandes repercusiones también en la vestimenta.

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Los elementos básicos de este atuendo fueron un vestido con falda y sobrefalda y un peto triangular que cubría el pecho y el estómago bajo la abertura frontal del vestido. Eran prendas que se llevaban encima del corsé y guardainfantes, las estructuras encargadas de formar las siluetas.

A mediados del siglo XVIII, edad de oro del rococó, la amante de Luis XVI, madame de Pompadour, apareció en numerosos retratos llevando distinguidos vestidos confeccionados con tejidos de seda de la mejor calidad. En estos retratos se muestran a la perfección los ideales del estilo barroco y como las mujeres de altos cargos eran las auténticas modelos que mostraban las modas. ¿Al igual que ahora?